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Vivir sin miedo

Vivimos presos de la incertidumbre. Nos hacemos preguntas ante cada nueva situación, las respuestas sólo las obtenemos enfrentándolas. La vida es un enigma que vamos descifrando a medida que vamos transitándola. Así que el miedo no debe impedirnos que la recorramos plenamente.

Cada día algo nos recuerda que vivimos en un mundo inseguro, que la incertidumbre es parte de la vida.

La inseguridad siempre ha sido parte de nuestra existencia, pero desde hace tres siglos con el cientificismo, el pensamiento racionalista, y el desarrollo de la tecnología nos hemos creído que la naturaleza se puede controlar, incluso que podemos descifrar y modificar como queramos, sus leyes.

Tenemos todo tipo de seguros: de vida, de accidentes, desempleo, catástrofes…, incluso abundan promesas – libros, cursos…- que nos ayudan a quitarnos el miedo.

El miedo tiene una función, como cada una de las emociones con las que nacemos. La función del miedo es advertirnos de la posible diferencia que puede haber entre nuestros recursos y la situación que vamos a enfrentarnos. El miedo nos hace preguntas como por ejemplo: “¿Estás preparado? ¿qué sabes a cerca de la situación a la que te vas a enfrentar? ¿ Conoces tus recursos y tus fuerzas?” Son preguntas necesarias para nuestro desarrollo personal que nos orientan, de las cuales las respuestas sólo las conoceremos pasando por la situación y vivéndola, pero no si la evitamos.

El miedo puede tomar formas prácticas que nos ayudan a prepararnos, instruirnos, conocer. Normalmente lo que incrementa nuestro temor es la ignorancia. También puede adoptar formas innecesarias que habitualmente viene a ser cuando nos detenemos cuando nos dejamos guiar por el desconocimiento, por el relato de otros, por el oportunismo de aquéllos que negocian con nuestro temor. Como por suerte no existen pastillas contra el miedo, lo único que nos queda es aprender de él. Al igual que con el resto de nuestras emociones, de lo que se trata es de aprender a controlarlas, comprenderlas y administrarlas, no de eliminarlas. El miedo nos habla y nos dice que cuanto más sepamos de la situación más preparados estaremos para atravesarlo, aprender y revelar el sentido de la situación, incluso de las más dolorosas.

El miedo nos paraliza cuando el presente nos sustrae. Nuestros temores siempre apuntan a algo que no ha pasado aún. Sucesos que pueden ocurrir o no. Mientras esperamos que eso pase nos angustiamos, nos preocupamos, nos trasladamos a un futuro hipotético, cosa que no ha llegado y no sabemos si lo hará. El miedo a una experiencia no es la experiencia. Lo que se vive únicamente se vive en el presente, no en el recuerdo o miedo a que suceda. No es lo mismo temer al fuego que quemarse.

Aquella persona que vive con el temor de que algo ocurra no va a impedir por eso que ocurra, al contrario lo que tendrá será miedo a la vida. La vida, como ya hemos dicho, es incertidumbre, una pregunta abierta que sólo responderemos con nuestras acciones y decisiones conforme la vamos atravesando.

Esto no significa que debemos despreocuparnos de todo. Debemos distinguir los miedos. A veces tenemos dudas, otras sospechas, inquietudes,temores compresibles o miedos lógicos, en todas estas ocasiones existe el miedo comprensible.

De un lado está el miedo a cosas que podemos actuar de alguna manera aumentando así la confianza y disminuyendo el temor. De otro lado está el miedo a lo desconocido, que normalmente sucede cuando nos encontramos ante situaciones nuevas, es muy común sentirlo aunque poco se pueda hacer sólo estar abiertos a la experiencia. Y también está el miedo a lo que se escapa a nuestro control, a lo que no depende de nosotros. Lo imprevisible siempre será parte de nuestra vida y es bueno que esto exista porque así se agudiza nuestra imaginación, desarrollamos nuestros recursos, encontramos respuestas y caminos nuevos,diferentes maneras de ver la realidad y nuestra vida

A esto debemos sumarle el peor de todos los miedos: el contagiado. El que otros nos transmiten – frecuentemente suelen ser los padres quienes inculcan este miedo a los hijos- o el que nace en nosotros a través de lo que leemos o escuchamos de los demás. Le enfermedad más contagiosa es el miedo sobre todo cuando elimina la razón, la sensatez, la capacidad de comprender y la libertad.

Conclusión: siempre viviremos en un mundo inseguro y debemos responsabilizarnos de cómo elegimos vivir en él y encargarnos de nuestra vida descubriendo su sentido. Podemos detenernos por lo que pueda suceder o movernos para que ocurra lo que queremos. Un único antídoto para el miedo es la esperanza.

Si no sintiera miedo alguna vez, no importa a que, no me sentiría viva.

Vanessa Arjona

Crecimiento personal para todos

 

 

 

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